Se
que un libro me ha seducido cuando, al cerrarlo, siento un vacío
dentro de mí, cuando veo que no sé que leer ya que necesito una
lectura que me enganche tanto como lo ha hecho la anterior. El último
libro que me ha provocado dichas sensaciones es, precisamente, el
último que acabé hace justo una escasa semana. Estoy hablando de
Instrumental, de James
Rhodes. A aquellos a los que no os suene, podéis googlear el nombre
y ojear la sinopsis del libro; también tenéis la opción de
quedaros y leer el resto de la entrada, donde hablaré del libro y
diré qué me parece.
Instrumental,
la autobiografia de James Rhodes, debutó en nuestra casa a finales
del 2015, de la mano de la “joven” (empezó a publicar el año
2009) editorial Blackie Books, con sede en Barcelona. Casi un año
después de debutar en el mercado (noviembre
2015), ya va por la sexta edición y ha vendido más de 50.000
ejemplares. Seguro que la
mayoría de vosotros habéis oído hablar del libro, ya que llenó
páginas de diario, de suplementos culturales, y entrevistas en todo
tipo de medios de comunicación. Y ocupó todos estos espacios por la
cualidad del libro pero, también, por todo lo que le rodea, donde
predomina un tema que recientemente ha vuelto a ser noticia: los
abusos sexuales.
James Rhodes, un británico de 41
años, ha acabado convirtiéndose en uno de los concertistas de piano
más destacados del momento. Su vida dista mucho de la que tienen la
mayor parte de los grandes de la música clásica que podamos tener
ahora. No pasó años encerrado en el conservatorio de su ciudad, ni
dedicó casi toda su adolescencia a la música para poder dedicarse,
en un futuro, al que era su sueño de niño. Todo lo contrario,
cuando contaba más o menos veinte primaveras, pasó casi diez años
sin acercarse a un piano.
Y este dato, que podría llegar a ser
insignificante teniendo en cuenta donde ha llegado James, acaba
tomando mucha importancia cuando sabes que pasó, todos aquellos años
alejado del piano porque estaba luchando contra los fantasmas de su
pasado: desde los cinco años abusaron sexualmente de él, y eso le
llevo a pasar por tres operaciones para paliar las lesiones. Se dejó
seducir por el alcohol y las drogas, se autolesionó y tuvo
diferentes tentativas de suicidio. Un cóctel que le llevo a pasar
por diferentes instituciones mentales hasta que salió de allí para
empezar de cero con su vida.
Y como en esta vida, siempre es una de
cal y una de arena, años después podemos disfrutar de él como uno
de los “reformistas” de su amada música clásica y uno de los
pianistas más carismáticos del momento. Puede que, porque como él
mismo nos cuenta en su libro, se ha dedicado a derribar muros y
clichés del género que le ocupa. Ha querido acercarla a aquellos
que se sienten distantes a la clásica y lo ha hecho de la mejor
manera: cambiando aquello que no encajaba en la sociedad actual, y
adaptándolo todo al nuevo público.
Respecto al libro, queda abierto con
una frase que es toda una declaración de intenciones y que nos deja
ver por donde irán los tiros a lo largo de este: La música
clásica me la pone dura. Y las casi trescientas páginas que nos
ocupan, están llenas de porqués, de justificaciones y de motivos de
la importancia de la música clásica en la vida de alguien que no la
ha tenido para nada fácil. Tiene una narración directa, clara, sin
pelos en la lengua; a veces es dura y sobrecogedora, ya que a pesar
de no caer en detalles innecesarios, al libro no le falta la crudeza
que rodea todos los problemas a los que tuvo que hacerle frente James
para salir adelante cuando no tenia nada que le ayudara a hacerlo. Y
sin duda me atrevería a afirmar que es esta combinación de
sensaciones lo que proporciona al libro esta agilidad al leerlo.
Consigue que te pongas en la piel del autor y cuando lo abres, te
atrapa. No puedes cerrarlo, te llama a seguir leyendo para ver como
acabó todo.
Cabe decir, como puntualización, que
no es un libro apto para todos; el mismo autor recomienda en medio de
la narración que algunos se salten ciertos capítulos de los que
contiene. Esto a parte, es un libro necesario. Muy necesario. Que
alguien que ha vivido todos estos problemas, los saque a la luz sin
esconderse, sin pelos en la lengua; que quiera demostrar que ha
podido salir adelante y hacerle frente, puede ayudar a mucha gente.
Tendría que ser un libro que sirviera para tirar muchos muros. Y no
solo esto, ha generado mucho debate y ha conseguido que se hable de
un tema que se tiene que combatir de manera necesaria.
Si os animáis a leerlo, no os vais a
arrepentir. A veces vais a sufrir, a veces os vais a enfadar; puede
que a veces tengáis ganas de decirle alguna cosa a aquellos que
aprovechan su superioridad para invadir la intimidad de alguien más
débil. A veces también querréis apartar el libro por todo lo que
lo rodea. Pero si lo leéis, seguro que también os vais a sentir un
poco mas cerca de la música clásica, porque James habla de ella con
tanta pasión, que es imposible no escucharla con la pasión y las
ganas que lo hace él.
A aquellos capaces de leer mientras
escuchan música, les recomiendo totalmente la experiencia preparada
por el mismo autor. Rhodes escogió una pieza para cada capítulo, y
creó una lista con su selección para dejarse llevar por la música
mientras se avanza a través de las páginas de una obra que no
dejará indiferente a nadie. De alguna manera, conectas más con el
relato, ya que cada composición tiene su motivo por estar dentro de
esa playlist.
De verdad, no dejéis escapar este
canto de amor a la música clásica y a la vida. Después de ver
como, gracias a su pareja y amigos, James se aferró a la vida con
uñas y dientes, es imposible no creer que esta tendría que ser una
lectura obligatoria. Relatos así nos tienen que hacer reflexionar,
porque solo cambiando cosas así vamos a ser una sociedad mejor. Leedlo, es de lo mejor que he abierto este 2016.
