dijous, 15 de setembre del 2016

Instrumental

Se que un libro me ha seducido cuando, al cerrarlo, siento un vacío dentro de mí, cuando veo que no sé que leer ya que necesito una lectura que me enganche tanto como lo ha hecho la anterior. El último libro que me ha provocado dichas sensaciones es, precisamente, el último que acabé hace justo una escasa semana. Estoy hablando de Instrumental, de James Rhodes. A aquellos a los que no os suene, podéis googlear el nombre y ojear la sinopsis del libro; también tenéis la opción de quedaros y leer el resto de la entrada, donde hablaré del libro y diré qué me parece.

Instrumental, la autobiografia de James Rhodes, debutó en nuestra casa a finales del 2015, de la mano de la “joven” (empezó a publicar el año 2009) editorial Blackie Books, con sede en Barcelona. Casi un año después de debutar en el mercado (noviembre 2015), ya va por la sexta edición y ha vendido más de 50.000 ejemplares. Seguro que la mayoría de vosotros habéis oído hablar del libro, ya que llenó páginas de diario, de suplementos culturales, y entrevistas en todo tipo de medios de comunicación. Y ocupó todos estos espacios por la cualidad del libro pero, también, por todo lo que le rodea, donde predomina un tema que recientemente ha vuelto a ser noticia: los abusos sexuales.

James Rhodes, un británico de 41 años, ha acabado convirtiéndose en uno de los concertistas de piano más destacados del momento. Su vida dista mucho de la que tienen la mayor parte de los grandes de la música clásica que podamos tener ahora. No pasó años encerrado en el conservatorio de su ciudad, ni dedicó casi toda su adolescencia a la música para poder dedicarse, en un futuro, al que era su sueño de niño. Todo lo contrario, cuando contaba más o menos veinte primaveras, pasó casi diez años sin acercarse a un piano.
Y este dato, que podría llegar a ser insignificante teniendo en cuenta donde ha llegado James, acaba tomando mucha importancia cuando sabes que pasó, todos aquellos años alejado del piano porque estaba luchando contra los fantasmas de su pasado: desde los cinco años abusaron sexualmente de él, y eso le llevo a pasar por tres operaciones para paliar las lesiones. Se dejó seducir por el alcohol y las drogas, se autolesionó y tuvo diferentes tentativas de suicidio. Un cóctel que le llevo a pasar por diferentes instituciones mentales hasta que salió de allí para empezar de cero con su vida.

Y como en esta vida, siempre es una de cal y una de arena, años después podemos disfrutar de él como uno de los “reformistas” de su amada música clásica y uno de los pianistas más carismáticos del momento. Puede que, porque como él mismo nos cuenta en su libro, se ha dedicado a derribar muros y clichés del género que le ocupa. Ha querido acercarla a aquellos que se sienten distantes a la clásica y lo ha hecho de la mejor manera: cambiando aquello que no encajaba en la sociedad actual, y adaptándolo todo al nuevo público.

Respecto al libro, queda abierto con una frase que es toda una declaración de intenciones y que nos deja ver por donde irán los tiros a lo largo de este: La música clásica me la pone dura. Y las casi trescientas páginas que nos ocupan, están llenas de porqués, de justificaciones y de motivos de la importancia de la música clásica en la vida de alguien que no la ha tenido para nada fácil. Tiene una narración directa, clara, sin pelos en la lengua; a veces es dura y sobrecogedora, ya que a pesar de no caer en detalles innecesarios, al libro no le falta la crudeza que rodea todos los problemas a los que tuvo que hacerle frente James para salir adelante cuando no tenia nada que le ayudara a hacerlo. Y sin duda me atrevería a afirmar que es esta combinación de sensaciones lo que proporciona al libro esta agilidad al leerlo. Consigue que te pongas en la piel del autor y cuando lo abres, te atrapa. No puedes cerrarlo, te llama a seguir leyendo para ver como acabó todo.
Cabe decir, como puntualización, que no es un libro apto para todos; el mismo autor recomienda en medio de la narración que algunos se salten ciertos capítulos de los que contiene. Esto a parte, es un libro necesario. Muy necesario. Que alguien que ha vivido todos estos problemas, los saque a la luz sin esconderse, sin pelos en la lengua; que quiera demostrar que ha podido salir adelante y hacerle frente, puede ayudar a mucha gente. Tendría que ser un libro que sirviera para tirar muchos muros. Y no solo esto, ha generado mucho debate y ha conseguido que se hable de un tema que se tiene que combatir de manera necesaria.

Si os animáis a leerlo, no os vais a arrepentir. A veces vais a sufrir, a veces os vais a enfadar; puede que a veces tengáis ganas de decirle alguna cosa a aquellos que aprovechan su superioridad para invadir la intimidad de alguien más débil. A veces también querréis apartar el libro por todo lo que lo rodea. Pero si lo leéis, seguro que también os vais a sentir un poco mas cerca de la música clásica, porque James habla de ella con tanta pasión, que es imposible no escucharla con la pasión y las ganas que lo hace él.

A aquellos capaces de leer mientras escuchan música, les recomiendo totalmente la experiencia preparada por el mismo autor. Rhodes escogió una pieza para cada capítulo, y creó una lista con su selección para dejarse llevar por la música mientras se avanza a través de las páginas de una obra que no dejará indiferente a nadie. De alguna manera, conectas más con el relato, ya que cada composición tiene su motivo por estar dentro de esa playlist.

De verdad, no dejéis escapar este canto de amor a la música clásica y a la vida. Después de ver como, gracias a su pareja y amigos, James se aferró a la vida con uñas y dientes, es imposible no creer que esta tendría que ser una lectura obligatoria. Relatos así nos tienen que hacer reflexionar, porque solo cambiando cosas así vamos a ser una sociedad mejor. Leedlo, es de lo mejor que he abierto este 2016.


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